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"O Facho" en Hio
En
el extremo occidental de la Península do Morrazo,
individualizado de su entorno y elevado sobre el Océano,
el Monte do Facho acogió a lo largo de siglos distintas
expresiones de la vida en la comarca, que lo son también
en la Historia de Galicia. En primer lugar, desde el
siglo X a.C. hasta el siglo VII a.C., existió un poblado
en la ladera Este del que apenas tenemos información
salvo la de su excepcional tamaño. A partir del siglo VI
a.C. surge el castro galaico, poblado fortificado que
subsistirá hasta el siglo I a.C. De este aún
podemos ver parte de las murallas, el foso, las piedras
que conformaban sus viviendas y que hoy cubren las
laderas del monte, los basureros en los márgenes del
poblado, o la topografía actual del monte que deriva
tanto de la construcción misma del poblado como de la
configuración natural. Posteriormente, un santuario
levantado sobre la cumbre va a recoger las viejas
creencias de quienes habían vivido en el castro para
dotarlas, a lo largo de los siglos II al IV d.C., de un
nuevo carácter, ahora marcado por el proceso de
asimilación de la cultura latina en la región del
Imperio Romano llamado Gallaecia. Finalmente en el siglo
XVIII se construye un puesto de vigilancia costera con
fines militares, del cual pervive la garita.
Los altares votivos, ara
en latín, son los hallazgos más significativos de las
excavaciones del Monte do Facho. Su función era ofrecer
al dios un pequeño monumento que recoge en una
inscripción su condición de exvoto, la divinidad a la
que va dirigida y, en ocasiones, el nombre del dedicante
y/o los motivos de la ofrenda. Los ejemplos del Monte do
Facho constatan la interpretación que hacen los galaicos
de los modelos originales romanos. Al lado de escasos
ejemplos clásicos, encontramos la reformulación en el
ambiente provincial galaico, con variaciones en la
morfología y enriquecimiento ornamental hasta llegar
después en las últimas fases del santuario a unas formas
muy alejadas de los modelos romanos. Un proceso que
expresa la creación de una identidad estética y
simbólica galaico-romana.
El santuario de Berobreo
se disponía en un área en pendiente que circunda la
cumbre del monte. Existen restos de columnas que indican
la existencia de un edificio, pero hasta ahora solo
conocemos una disposición a cielo abierto de altares
que, hincados en la tierra y en gran número, ocupaban
buena parte de esa área. Una acumulación que motivó la
tendencia de los monumentos a ser estrechos y altos,
configurando lo que a la vista parecería un “bosque de
aras”. Al final de la existencia del santuario, el lugar
se abandona; las aras irán cayéndose y amontonándose, a
veces fragmentadas, para permanecer así hasta nuestros
días.
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